Un equipo del Instituto de Astronomía (IfA) de la Universidad de Hawái ha determinado con precisión inédita la edad del sistema HR 7672, formado por una estrella de tipo solar y una de las primeras enanas marrones jamás fotografiadas directamente alrededor de un astro similar al Sol. El resultado, publicado en The Astrophysical Journal, ofrece a la astrofísica lo que llevaba dos décadas persiguiendo: un reloj confiable para poner a prueba los modelos que describen cómo estos cuerpos —a medio camino entre un planeta gigante y una estrella— se enfrían a lo largo de miles de millones de años.
Una enana marrón, un enigma y un reloj estelar
Las enanas marrones no alcanzan la masa necesaria para sostener la fusión de hidrógeno en su núcleo, el proceso que define a una estrella. En lugar de brillar de forma estable durante miles de millones de años, se limitan a irradiar el calor heredado de su contracción gravitatoria inicial, enfriándose y apagándose progresivamente. Esa es precisamente la razón por la que medir su edad es tan difícil: su brillo, su temperatura y su luminosidad dependen fuertemente del tiempo que lleven enfriándose, y sin una edad independiente los modelos evolutivos quedan sin calibración externa.
Aquí es donde entra HR 7672. Su compañera subestelar, HR 7672B, debió formarse junto a la estrella principal, por lo que ambas comparten la misma edad. Si se logra fechar la estrella con suficiente precisión, automáticamente queda fechada también la enana marrón.
Asteroseismología con el Keck Planet Finder
Para resolver el problema, el equipo liderado por Yaguang Li, Parrent Fellow del IfA, recurrió al Observatorio W. M. Keck en Maunakea y al instrumento Keck Planet Finder. La técnica empleada es la asteroseismología: el estudio de las oscilaciones acústicas que recorren el interior de una estrella y que se manifiestan en la superficie como minúsculas variaciones del brillo y de la velocidad radial.
En el Sol, esas mismas oscilaciones —los modos p— tienen periodos cercanos a los cinco minutos y son la base de la heliosismología, la disciplina que ha permitido cartografiar el interior solar con detalle notable. En HR 7672, los investigadores detectaron pulsaciones de aproximadamente cinco minutos en la luz de la estrella y las utilizaron para inferir su estructura interna y, a partir de ahí, su edad.
El resultado: HR 7672 tiene alrededor de 2.300 millones de años, una cifra considerablemente más precisa que cualquier estimación previa del sistema.
Un banco de pruebas para los modelos de enfriamiento
Conocida la edad de la estrella, queda fijada la edad de su compañera. Combinada con datos previos sobre la luminosidad y la masa de HR 7672B, esta medida convierte al sistema en uno de los pocos benchmarks subestelares donde las tres variables críticas —masa, luminosidad y edad— están bien determinadas de forma independiente.
Con esos tres ingredientes, el equipo contrastó las propiedades observadas de HR 7672B con varias familias de modelos evolutivos de enanas marrones. La conclusión fue clara: las generaciones más recientes de modelos, que incorporan descripciones refinadas de la termodinámica interna y de la opacidad atmosférica en el régimen subestelar, reproducen mejor los datos que las versiones clásicas. En palabras del propio Li, disponer ahora de una edad fiable permite someter los modelos evolutivos a pruebas estrictas y discernir qué ingredientes físicos son realmente correctos.
Dos décadas de historia observacional
HR 7672B ocupa un lugar especial en la historia reciente de la astrofísica. Fue descubierta en 2002 por Michael Liu, también del IfA, mediante óptica adaptativa en el propio Keck. En aquella época, obtener la imagen directa de un objeto subestelar tan cercano a una estrella de tipo solar era una proeza técnica: la óptica adaptativa, que corrige en tiempo real la turbulencia atmosférica, apenas había madurado lo suficiente para revelar compañeras débiles escondidas junto al resplandor de sus estrellas anfitrionas.
Aquellas primeras observaciones ya dejaron una enseñanza relevante: las enanas marrones en órbitas cercanas a estrellas de tipo solar son objetos raros. Dos décadas después, el mismo sistema vuelve a ser laboratorio, esta vez no para descubrir sino para afinar la física que describe el objeto.
Por qué importa
Las enanas marrones ocupan un territorio crítico para comprender la frontera entre planetas y estrellas. Entender cómo se enfrían no es un ejercicio académico: los mismos modelos se utilizan para inferir masas de exoplanetas gigantes detectados por imagen directa, para interpretar espectros del telescopio espacial James Webb y para calibrar censos de objetos subestelares en la Vía Láctea. Un error sistemático en los modelos de enfriamiento se propaga, inevitablemente, a todas esas aplicaciones.
Con HR 7672B fechado ahora mediante asteroseismología, la comunidad dispone de una referencia sólida sobre la cual anclar esas inferencias. Es, en esencia, el tipo de calibración que transforma una teoría en ciencia operativa.
El trabajo aparece firmado por Yaguang Li y colaboradores bajo el título A Test of Substellar Evolutionary Models with High-precision Ages from Asteroseismology and Gyrochronology for the Benchmark System HR 7672AB, publicado en The Astrophysical Journal (DOI: 10.3847/1538-4357/ae4bdb).
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