El misterio detrás de los rayos cósmicos de mayor energía jamás registrados —incluyendo la famosa partícula Amaterasu— podría tener una respuesta inesperada: estos mensajeros extremos del cosmos podrían estar formados por núcleos atómicos más pesados que el hierro. Un nuevo estudio de Penn State publicado en Physical Review Letters explica por qué estos núcleos ultramasivos sobreviven el viaje intergaláctico con energías imposibles de replicar en ningún laboratorio humano. Lee el análisis completo en SKYCR.ORG.
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