Después de la Luna nueva, nuestro satélite regresa al cielo de la tarde como una fina creciente y va engordando noche a noche hasta el cuarto creciente del 19 de agosto. Mientras tanto, Venus atraviesa su mejor aparición vespertina del año sobre el horizonte oeste, Saturno se adueña de la noche entera rumbo a su oposición de septiembre, y el núcleo de la Vía Láctea pasa casi por el cenit en las primeras horas de la noche. Quienes madruguen encontrarán a Marte en Géminis y a un Júpiter que apenas vuelve a asomar antes del amanecer. Y las Perseidas, ya en franca retirada, dejan sus últimos trazos. Esta es la guía completa para observar desde Costa Rica.
La Luna: de la creciente al cuarto creciente y su cita con Antares
La semana arranca con una Luna creciente iluminada apenas un 31 % la noche del 17 de agosto. Esa noche la hallará baja en el oeste, muy cerca de la estrella Spica, en Virgo, mientras Venus brilla más abajo camino del horizonte. La creciente se pone temprano, alrededor de las 9:30 p.m., de modo que deja la segunda mitad de la noche completamente a oscuras, ideal para el cielo profundo.
Noche tras noche la fase crece: 41 % el día 18, y el cuarto creciente exacto llega el miércoles 19 de agosto a las 8:26 p.m. (hora de Costa Rica), con el disco iluminado justo a la mitad y la Luna bien alta en el suroeste al caer la noche. El jueves 20 se produce el encuentro más vistoso de la semana: la Luna, ya al 60 %, pasa a unos 2 grados de Antares, el corazón rojizo de Escorpio, un acercamiento fácil de apreciar a simple vista en el cielo del sur. La mínima separación, de menos de 1 grado, ocurre en la madrugada del 21 cuando ambos ya descienden hacia el oeste.
Del 21 al 23 la Luna gibosa creciente cruza Sagitario, deslizándose sobre el corazón de la Vía Láctea, y cada noche se pone más tarde: 12:36 a.m. el 21, 1:28 a.m. el 22 y 2:20 a.m. el 23. Es la contracara de la semana: a medida que avanza, la Luna recupera terreno sobre el cielo nocturno y la ventana oscura se corre hacia la madrugada.
Venus, el lucero de la tarde en su mejor momento
Venus acaba de alcanzar su máxima elongación este, unos 46 grados del Sol el pasado 14 de agosto, y esta semana luce en su punto más alto y prolongado como estrella vespertina del año. Con una magnitud cercana a −4 es imposible no verlo: aparece en cuanto el Sol se pone, hacia las 5:48 p.m., y se sostiene sobre el oeste-suroeste hasta cerca de las 8:20 p.m. Al terminar el crepúsculo, a eso de las 7:03 p.m., Venus se encuentra a unos 18 grados de altura, un pie firme sobre el horizonte durante más de una hora de cielo oscuro.
Venus recorre la constelación de Virgo y se va acercando a Spica: de unos 13 grados el día 17 a menos de 8 el día 23, camino de un bonito encuentro con la estrella a comienzos de septiembre. En el telescopio, el planeta muestra ahora un disco muy próximo a la fase de cuarto, la llamada dicotomía; en las próximas semanas crecerá en tamaño y se irá afinando mientras se dirige a su máximo brillo de septiembre. Los primeros minutos tras la puesta del Sol, con la creciente lunar cerca los días 16 y 17, ofrecen una estampa preciosa para la fotografía.
Saturno, el señor de la noche, con Neptuno de acompañante
Si Venus manda en la tarde, Saturno reina el resto de la noche. El planeta anillado sale por el este alrededor de las 8:30 p.m. y, hacia la medianoche, ya se encuentra a unos 50 grados de altura en el este-sureste, dentro de la constelación de Piscis. Brilla con magnitud cercana a +0,6 y va ganando brillo y saliendo más temprano cada noche, porque se aproxima a su oposición del 21 de septiembre. El mejor momento para apuntarle el telescopio es después de la medianoche, cuando está bien alto: sus anillos, aún generosamente abiertos, son el gran espectáculo telescópico de la semana.
Para quienes tienen instrumentos y cielos oscuros, Saturno viene bien acompañado. Neptuno está a unos 10 grados de él, también en Piscis, con magnitud +7,8 y solo accesible con telescopio, rumbo a su propia oposición de finales de septiembre. Y más al oriente, Urano sale hacia las 11:30 p.m. en Tauro, bien colocado para la madrugada con binoculares o telescopio.
El cielo del amanecer: Marte y el regreso de Júpiter
El cielo de la madrugada guarda sus propias joyas. Marte, en Géminis, sale alrededor de la 1:50 a.m. y se eleva por el este-noreste antes del alba. Está lejos de la Tierra y luce débil, con una magnitud en torno a +1,7, un punto rojizo discreto, pero va ganando terreno poco a poco camino de su oposición de febrero de 2027.
Más cerca del amanecer regresa Júpiter: tras su conjunción con el Sol de principios de agosto, vuelve a asomar muy bajo en el este-noreste entre las 4:15 y las 4:30 a.m., apenas antes de que empiece a clarear, pues el crepúsculo astronómico arranca a las 4:15 a.m. Todavía es un objeto difícil, muy pegado al horizonte, pero brillante, con magnitud −1,9, y cada día un poco más fácil; mejorará notablemente en septiembre. Mercurio, en cambio, se despide: cae rápidamente hacia su conjunción superior de finales de mes y queda prácticamente fuera de vista.
Las Perseidas en retirada y otros meteoros
Las Perseidas, que tuvieron su pico el 12 y 13 de agosto, siguen activas hasta cerca del 24, pero en clara caída: esta semana solo cabe esperar unos pocos meteoros por hora, y siempre mejor en la madrugada, cuando el radiante en Perseo se eleva sobre el noreste. Conviene recordar que, desde nuestra latitud tica, cercana a los 10 grados norte, Perseo no llega a subir demasiado. A ellas se suman las Kappa Cígnidas, una lluvia menor de meteoros lentos y brillantes cuyo radiante, en el Cisne, está casi en lo alto durante buena parte de la noche, además de los esporádicos de siempre. La Luna, ausente en la segunda mitad de la noche durante los primeros días de la semana, ayuda a cazarlos.
El corazón de la Vía Láctea y el cielo profundo: la gran ventaja tica
Aquí está el verdadero tesoro de agosto. Desde Costa Rica, Escorpio y Sagitario pasan casi por el cenit en las primeras horas de la noche: el centro de nuestra galaxia se sitúa prácticamente sobre nuestras cabezas, una vista que los observadores del hemisferio norte solo pueden envidiar. Y con la Luna poniéndose temprano al comienzo de la semana, la ventana oscura entre el ocaso de la creciente y el amanecer es inmejorable.
Con binoculares o un telescopio pequeño, barra las nubes estelares de Sagitario y encontrará un rosario de maravillas: las nebulosas de la Laguna (M8) y Trífida (M20), la del Cisne u Omega (M17) y la del Águila (M16); los cúmulos globulares M22 y M28; y, junto a Antares, el globular M4. En la cola de Escorpio, los cúmulos abiertos M6, la Mariposa, y M7, el de Ptolomeo, lucen espléndidos. Más al norte esperan el Cúmulo del Pato Salvaje (M11) y la nube estelar del Escudo, y en lo alto del oeste, el gran cúmulo globular de Hércules (M13). Aunque sea solo con binoculares, un paseo por la Vía Láctea desde un cielo oscuro es una experiencia difícil de olvidar.
Constelaciones de la semana
Al caer la noche, Escorpio y Sagitario dominan el sur, mientras el Triángulo de Verano —Vega en la Lira, Deneb en el Cisne y Altair en el Águila— brilla casi en el cenit; Ofiuco y Serpiente ocupan buena parte del cielo, y hacia el oeste se ponen Bootes con Arturo y Virgo con Venus. Por el este van subiendo el Gran Cuadrado de Pegaso, Acuario, Capricornio y Piscis con Saturno. Y de madrugada regresan los heraldos del invierno boreal: las Pléyades y Tauro, con Urano, Géminis con Marte, el Cochero y, ya avanzado el mes, Orión empezando a levantarse antes del alba.
En resumen, una semana para disfrutar de Venus en su mejor tarde, apuntarle el telescopio a Saturno en lo alto de la madrugada y, sobre todo, perderse en el corazón de la Vía Láctea antes de que la Luna creciente vuelva a iluminar la noche. Busque un cielo oscuro, lejos de las luces de la ciudad —el Volcán Irazú es siempre una gran opción—, deje que la vista se adapte y levante la mirada. El universo, como cada semana, tiene una cita con usted desde Costa Rica.
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