En el corazón del cúmulo de Perseo, a unos 240 millones de años luz, se encuentra NGC 1275, la galaxia más brillante y dominante de todo el cúmulo. En su centro habita un agujero negro supermasivo que no descansa: lanza chorros de plasma que inflan enormes burbujas en el gas caliente que rodea a la galaxia. Un nuevo trabajo, enviado en agosto al repositorio de preprints arXiv, ha logrado seguirle el pulso durante casi dos décadas.
El equipo, liderado por Sarah Ketchum, de la Universidad de Michigan, reunió cerca de 20 años de observaciones en rayos X del telescopio Swift de la NASA y las comparó con un monitoreo en radio. El objetivo era explorar una de las preguntas más difíciles de los núcleos galácticos activos: cómo se conecta el disco de acreción que alimenta al agujero negro con los chorros que este dispara.
Por qué Swift y no Chandra
El telescopio Chandra ofrece una resolución extraordinaria, pero no puede observar esta galaxia con la frecuencia necesaria para seguir cambios rápidos. Además, la masa del agujero negro de NGC 1275 sigue en debate, con estimaciones que abarcan casi dos órdenes de magnitud. Por eso los autores recurrieron a Swift: menos potente, pero disponible con mucha mayor frecuencia, lo que permitió construir una serie temporal larga y detallada.
La fulguración más intensa registrada
El hallazgo central es notable. A comienzos de 2023, NGC 1275 mostró la fulguración en rayos X más intensa jamás registrada en esta fuente: su brillo se duplicó durante menos de 60 días, con varios estallidos de unos cinco días cada uno. El perfil de esos estallidos, según los autores, no coincide con lo que se esperaría de la simple destrucción de una estrella por marea gravitatoria, lo que apunta a otro mecanismo.
El eco en radio, 300 días después
Aquí aparece el resultado más sugerente. Al comparar los datos de rayos X con el monitoreo en radio a 43 GHz, el equipo detectó un estallido en radio que siguió a la fulguración unos 296 días más tarde. Conviene distinguir el dato de su interpretación: el retraso está medido, pero su origen aún se propone como hipótesis. Los autores plantean que ese desfase podría representar el tiempo que tarda una perturbación en viajar desde la corona de rayos X, cerca del agujero negro, hasta la región del chorro que emite en radio, o bien entre dos puntos a lo largo del propio chorro. La causa probable del episodio sería una fluctuación en la tasa de alimentación del agujero negro o una perturbación dentro del chorro.
Por qué importa
Estos agujeros negros no son un detalle aislado: sus chorros moldean la estructura a gran escala del cúmulo que los rodea. El trabajo sugiere que combinar imágenes de rayos X de resolución moderada con monitoreo en radio podría trazar la conexión entre disco y chorro en este tipo de objetos, y extenderse a otros que influyen de forma tan visible sobre su entorno. Por ahora, tenemos una correlación temporal bien medida y una hipótesis razonable, no una conclusión cerrada.
© 2026 Homer Dávila Gutiérrez, FRAS — SKYCR.ORG. Todos los derechos reservados. Publicación: Sarah Ketchum et al., X-ray Flaring and Variability in NGC 1275, the Heart of the Perseus Cluster, arXiv (2026). DOI: 10.48550/arXiv.2608.13281
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