En la primavera de 1066, el cometa Halley cruzó el cielo de Europa y la mente medieval no vio mecánica celeste, sino un presagio de ruina dirigido a los reyes. Una investigación de Michael Lewis y Simon Portegies Zwart reconstruye cómo ese cometa quedó bordado en el Tapiz de Bayeux, junto a la muerte de un rey y el ascenso de otro, y rescata a un monje, Eilmer de Malmesbury, que quizá intuyó su regreso siglos antes que Halley.
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