En 1976, el módulo Viking 2 posó en Marte un sismómetro que durante casi medio siglo se consideró un fracaso: iba atornillado a la cubierta de la nave, y el viento marciano la sacudía tanto que ahogaba cualquier temblor del suelo. Ahora, un reanálisis del equipo de Constantinos Charalambous y Benjamin Fernando, apoyado en lo aprendido con la misión InSight, rescata de aquel ruido una decena de eventos candidatos que no parecen ni viento ni vibración del módulo: posibles terremotos marcianos que quedaron registrados sin que nadie lo notara.
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