InicionewsUn chorro oculto revela un agujero negro de masa intermedia

Un chorro oculto revela un agujero negro de masa intermedia

AT2019ijn comenzó como un destello azul rápido, pero años después reveló una potente emisión de radio. El fenómeno podría ser la señal de una estrella destruida por un agujero negro de masa intermedia y de un chorro relativista oculto visto fuera de eje.

Astrónomos detectaron una emisión de radio extraordinariamente brillante procedente de AT2019ijn, un evento cósmico que podría revelar una de las clases de agujeros negros más difíciles de encontrar.

Durante años, AT2019ijn pareció ser solo otro transitorio azul y rápido: un destello óptico que aumentó de brillo en pocos días y luego se desvaneció lentamente. Pero cuando los astrónomos revisaron sus observaciones en radio, apareció la verdadera anomalía. La señal no desapareció como se esperaría en una explosión estelar ordinaria. Al contrario: siguió aumentando durante casi dos años y luego decayó lentamente durante al menos cuatro años.

El hallazgo, realizado con datos del Very Large Array de la National Science Foundation y otros radiotelescopios, apunta a un escenario mucho más extremo: una estrella habría sido destruida por un agujero negro de masa intermedia, produciendo un chorro relativista que no estaba dirigido directamente hacia la Tierra.

El eslabón perdido de los agujeros negros

Los agujeros negros de masa intermedia ocupan una región crucial entre dos poblaciones conocidas: los agujeros negros de masa estelar, que se forman tras el colapso de estrellas masivas, y los agujeros negros supermasivos, que habitan en los centros de muchas galaxias.

Ilustración artística de las consecuencias de la fragmentación de una estrella cercana por un agujero negro de masa intermedia, lo que da lugar a un disco de acreción y un estrecho chorro relativista (arriba a la izquierda). La línea punteada indica nuestra línea de visión desde la Tierra. El resplandor residual del chorro, fuera del eje, solo se hizo visible una vez que la emisión de radio en expansión (abajo a la derecha) se extendió lo suficiente como para alcanzar nuestra línea de visión, provocando que dicha emisión se intensificara drásticamente años después del evento inicial. Crédito: NSF/AUI/NSF NRAO/M.Weiss

El problema es que esta población intermedia ha sido muy difícil de confirmar observacionalmente. No son tan abundantes ni tan brillantes como los agujeros negros supermasivos activos, pero tampoco son tan accesibles como los agujeros negros de masa estelar detectados en sistemas binarios o mediante ondas gravitacionales.

AT2019ijn podría ofrecer una nueva vía para encontrarlos. Su comportamiento sugiere que el agujero negro responsable no era lo bastante masivo como para producir la firma típica de un núcleo galáctico activo, pero sí lo bastante poderoso como para desgarrar una estrella y lanzar material a velocidades relativistas.

Una estrella destruida por gravedad extrema

El fenómeno más probable detrás de AT2019ijn es un evento de disrupción de marea. Esto ocurre cuando una estrella pasa demasiado cerca de un agujero negro. Las fuerzas gravitacionales son tan intensas que la estrella es estirada, deformada y finalmente destruida. Parte de su material cae hacia el agujero negro, formando un disco de acreción caliente, mientras otra fracción puede ser expulsada al espacio.

En algunos casos, este proceso puede lanzar chorros relativistas: columnas estrechas de plasma que se desplazan a una fracción significativa de la velocidad de la luz. Si el chorro apunta hacia la Tierra, el evento puede verse brillante desde el principio. Pero en AT2019ijn ocurrió algo más sutil.

El chorro habría estado inclinado respecto a nuestra línea de visión. Por eso el evento óptico inicial no reveló toda su potencia. Solo años después, cuando el material expulsado se expandió y la emisión de radio se abrió lo suficiente como para entrar en nuestro campo de visión, el cielo en radio comenzó a encenderse.

La señal llegó tarde, pero fue demasiado brillante para ignorarla

A una frecuencia de 3 gigahercios, la luminosidad en radio de AT2019ijn fue más de cien veces superior a la observada en transitorios ópticos azules rápidos o supernovas conocidas en etapas comparables. Ese dato fue clave: no se trataba de una explosión estelar común.

Para reconstruir el evento, el equipo combinó datos ópticos con observaciones de radio del NSF VLA, el Very Large Array Sky Survey, ASKAP en Australia y el upgraded Giant Metrewave Radio Telescope en India. La cobertura multifrecuencia permitió seguir la evolución de la emisión y probar modelos físicos de una eyección relativista producida por una disrupción de marea.

La interpretación más consistente es la de un chorro estrecho, relativista y observado fuera de eje. En otras palabras, no vimos el chorro de frente. Lo vimos tarde, desde un ángulo lateral, cuando su resplandor posterior ya se había expandido lo suficiente.

Una nueva forma de buscar agujeros negros ocultos

La importancia científica de AT2019ijn no está solo en el evento individual. El hallazgo sugiere que algunos transitorios ópticos aparentemente modestos podrían esconder fenómenos mucho más energéticos, visibles únicamente años después en longitudes de onda de radio.

Esto cambia la estrategia de búsqueda. No basta con observar el destello inicial. Hay que regresar al objeto meses o años después, especialmente en radio, para saber si detrás del transitorio había un motor central: un agujero negro alimentándose de una estrella destruida.

Con los nuevos sondeos del cielo, tanto ópticos como radioastronómicos, los astrónomos podrían comenzar a identificar una población entera de eventos similares. Cada caso ayudaría a responder una pregunta fundamental: cómo se forman los agujeros negros de masa intermedia, cuántos existen y bajo qué condiciones pueden lanzar chorros relativistas.

AT2019ijn, en ese sentido, no solo iluminó el cielo en radio. También abrió una ventana hacia una población de agujeros negros que durante décadas ha permanecido en la frontera entre la teoría y la observación.

Referencia: Hucheng Ding et al., “AT2019ijn: A Fast-rising, Slow-decaying Blue Optical Transient with Exceptionally Bright Radio Emission”, The Astrophysical Journal Letters (2026). DOI: 10.3847/2041-8213/ae732c.


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