Era de madrugada. El Valle Central dormía. Y de pronto, en la oscuridad, apareció un sonido: un zumbido grave, bajo, que no parecía venir de ningún lugar y venía de todos a la vez. No era un trueno, ni un motor, ni un avión. Brotaba del aire mismo.
Enero de 2012. Miles de personas despertaron confundidas. Algunos creyeron que lo soñaban; otros salieron a la calle a buscar la fuente y no encontraron nada. Así que hicieron lo único que podían hacer: sacaron el teléfono y grabaron. En los días siguientes los reportes se multiplicaron —Cartago, Heredia, Desamparados, San Ramón—, cientos de costarricenses capturando el mismo zumbido imposible, de noche y hasta a plena luz del día.
Casi quince años después, seguimos sin saber qué fue.
Les confieso algo: esa madrugada, yo también lo escuché. Con mis propios oídos. No fue mi imaginación y no fue un sueño: miles lo oyeron conmigo y muchísimos lo grabaron. Y es justamente porque lo viví que me obsesioné con este caso.
Porque el zumbido no es una rareza tica. Tiene nombre propio en inglés —The Hum— y lleva décadas reportándose en Estados Unidos, Inglaterra, Nueva Zelanda. Y en todas partes comparte los mismos rasgos que lo vuelven una pesadilla para la ciencia: una frecuencia muy baja, ninguna fuente localizable… y algo todavía más perturbador. En una misma casa, una persona puede estar siendo torturada por el zumbido mientras la de al lado, pegada a ella, no escucha absolutamente nada.
¿Cómo puede un sonido estar y no estar al mismo tiempo?
En el nuevo video de SKYCR agarré ese sonido y, como astrofísico, me propuse cerrar una por una todas las puertas por las que pudo haber entrado: el cielo, la Tierra, las máquinas, el propio oído. Vengan conmigo. Quiero que vean qué pasa detrás de cada una.
¿Lo oyeron ustedes esa madrugada de 2012? ¿Lo han oído alguna vez? Cuéntenme abajo. Los leo.
© 2026 Homer Dávila Gutiérrez, FRAS — SKYCR.ORG. Todos los derechos reservados.
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