Cuando la luz de una estrella o una galaxia cruza el aire turbulento sobre nuestras cabezas, se desvía y se mezcla sin cesar. El resultado es un pequeño borrón tembloroso. Los astrónomos lo llaman “seeing”, y su tamaño —normalmente entre uno y dos segundos y medio de arco— fija el detalle más fino que un telescopio en tierra puede distinguir, por grande que sea su espejo y por mucho que se exponga. Por eso titilan las estrellas, y por eso un telescopio en el espacio, por encima de la atmósfera, ve tanto más nítido. A ese borrón se le llama la función de dispersión de punto.
Un anillo del tamaño justo para el peor caso
El anillo de Einstein de NGC 6505 se forma porque esa galaxia cercana desvía con su gravedad la luz de una fuente más lejana, curvándola hasta cerrar un aro. Euclid lo midió con exquisita precisión: un radio de 2,5 segundos de arco. Y ahí está el detalle incómodo: esos 2,5 segundos de arco coinciden casi exactamente con el borrón atmosférico de una noche típica. Cuando aquello que uno quiere ver tiene el mismo tamaño que el borrón, se cae en el peor régimen posible, porque la luz del anillo deja de poder separarse de la de la galaxia. La colaboración GRACE —un equipo de astrofísicos independientes de varios países— se propuso poner a prueba justamente ese escenario, con el telescopio de 1,5 metros del Observatorio de Sierra Nevada, en Granada.
La prueba
El equipo observó NGC 6505 en la banda Cousins-R durante 8 horas repartidas en dos noches de mayo de 2025, con un seeing final de 2,47 segundos de arco. El procedimiento fue doble: modelar la luz suave de la galaxia, restarla y rastrear el residuo en busca del anillo; y, además, inyectar en los datos un anillo sintético, informado por las medidas de Euclid, para ver si la tubería lo detectaría.
Cuando el anillo se funde con la galaxia
No apareció ningún anillo: el residuo alcanzó como mucho 1,5 sigma, por debajo de cualquier detección. Y el anillo sintético inyectado tampoco se recuperó, quedando por debajo de 3 sigma. La razón es pura física: cuando el anillo mide casi lo mismo que el borrón, la atmósfera reparte su luz hacia adentro, sobre la galaxia, donde el modelo suave la reabsorbe. Aparece incluso una ambigüedad en la que la forma ligeramente “cuadrada” de la galaxia imita a una configuración de cuatro imágenes lensadas. El anillo no desaparece; literalmente se funde en el resplandor de la galaxia.
Lo que enseña sobre mirar desde la Tierra
La clave es que todo esto ocurre en el régimen concreto en que el tamaño del anillo iguala al del borrón. Con una visión más nítida —una mejor noche, un espejo mayor, óptica adaptativa o el espacio— el anillo sería recuperable. Es, en miniatura, la razón por la que construimos telescopios como Euclid o el Hubble por encima de la atmósfera. Conviene ser honesto: es un resultado específico de estos datos, no una ley universal, y el anillo está realmente ahí. El equipo dejó además los datos y el análisis en abierto, para que cualquiera pueda reproducirlos.
Quiénes están detrás: la colaboración GRACE
Detrás de este trabajo hay un equipo singular. Sus siete autores forman parte de la colaboración GRACE, una red internacional de investigadores independientes en astrofísica que trabajan de forma remota, fuera de las grandes instituciones. El estudio fue liderado por Homer Dávila Gutiérrez (FRAS), astrofísico costarricense y director de SKYCR.ORG, en San José, y lo firman junto a él Julio Carlos Bertua Marasca (Buenos Aires, Argentina), Alejandro Heredia Teva (Granada, España), Irene Naranjo Arroyo (Holguera, España), Fernando Núñez Martínez (Praga, Chequia), Miguel Ruiz Travesí (San Sebastián, España) y Eugenio Grande Sáez (Madrid, España). El proyecto nació al amparo del programa de máster en Astrofísica de la UNIR, y la campaña de observación se realizó en el Observatorio de Sierra Nevada, del IAA. Que un grupo así —repartido en cuatro países y sin una gran institución detrás— publique lentes gravitacionales en una de las revistas más exigentes del mundo es, en sí mismo, parte de la historia.
En la era de Euclid
Euclid encontrará miles de lentes gravitacionales en los próximos años. Pruebas como esta dibujan el mapa de dónde pueden ayudar los telescopios en tierra y dónde la atmósfera les cierra el paso, y señalan los caminos indirectos —como la espectroscopía de la fuente o la dinámica de la galaxia— que esquivan el borrón. Es una guía práctica para la avalancha de descubrimientos que viene. Porque la atmósfera, ese velo tembloroso, sigue decidiendo qué podemos y qué no podemos alcanzar desde el suelo.
© 2026 Homer Dávila Gutiérrez, FRAS — SKYCR.ORG. Todos los derechos reservados. Publicación: Dávila Gutiérrez, H., Bertua Marasca, J. C., Heredia Teva, A., et al., «Testing the recovery of the NGC 6505 Einstein ring in deep OSN 1.5 m imaging», Astronomy & Astrophysics, 715, A121 (2026). DOI: https://doi.org/10.1051/0004-6361/202661980
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