ALMA observa estancamiento de formación estelar en curso en la Gran Nube de Magallanes


La galaxia enana conocida como Gran Nube de Magallanes, no muy distante de nosotros, es un lugar primitivo desde el punto de vista químico. A diferencia de la Vía Láctea, este grupo semiespiral compuesto de decenas de miles de millones de estrellas no tiene grandes cantidades de elementos pesados como carbono, oxígeno y nitrógeno. Ante esa escasez de elementos pesados, los astrónomos habían predicho que la Gran Nube de Magallanes contendría pocas moléculas complejas a base de carbono, y su teoría era avalada por las observaciones realizadas hasta entonces.

30 Doradus es una gran región de formación de estrellas ubicada en el corazón de la Nebulosa de la Tarántula. Los datos de longitud de onda milimétrica rojo/naranja del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), que se muestran aquí en forma compuesta, se destacan como filamentos en forma de cuerda frente a los datos ópticos del Telescopio Espacial Hubble (HST). Los científicos que estudiaron 30 Dor descubrieron que a pesar de la intensa retroalimentación estelar, que se sabe que modera o disminuye la tasa de nacimiento de estrellas, la gravedad continúa dando forma a la región, dando lugar a la formación de estrellas. Crédito: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO), T. Wong et al (U. Illinois, Urbana-Champaign), S. Dagnello (NRAO/AUI/NSF)

Sin embargo, las nuevas observaciones realizadas con el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) revelaron “huellas” químicas sorprendentemente claras de moléculas orgánicas complejas como el metanol, el éter dimetílico y el formiato de metilo. Aunque ya se habían encontrado rastros de metanol en observaciones anteriores, es la primera vez que se detectan las otras dos moléculas, que pasaron a ser las moléculas más complejas encontradas a la fecha fuera de nuestra galaxia.

Los astrónomos observaron el tenue “brillo” de estas moléculas en longitudes de onda milimétricas emanando de dos densos embriones estelares dentro de la Gran Nube de Magallanes, conocidos como núcleos calientes. Estos hallazgos podrían echar nuevas luces sobre la formación de moléculas orgánicas similares cuando el Universo era joven.

“Aunque la Gran Nube de Magallanes es uno de nuestros vecinos galácticos más cercanos, sospechábamos que presentaba algunas similitudes extrañas con galaxias jóvenes y distantes del Universo primitivo”, explica Marta Sewilo, astrónoma del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, en Maryland, y autora principal de un artículo que se publicará en The Astrophysical Journal.

Los astrónomos llaman a esta escasez de elementos pesados baja metalicidad. Para que una galaxia se llene de elementos pesados se necesitan varias generaciones de nacimientos y muertes estelares, con supernovas e hipernovas (colisiones de estrellas de neutrones) que arrojan estos elementos al espacio interestelar. Dentro de las nubes interestelares de polvo y gas, estos elementos se unen para formar una amplia gama de elementos que dan nacimiento a la siguiente generación de estrellas y se convierten en los componentes básicos de los nuevos planetas.

“Las galaxias primordiales simplemente no tuvieron tiempo para enriquecerse tanto en elementos químicos”, afirma Sewilo. “Y las galaxias enanas como la Gran Nube de Magallanes probablemente mantuvieron ese aspecto joven debido a su masa relativamente baja, que reduce drásticamente la tasa de formación estelar”.

“Gracias a su baja metalicidad, la Gran Nube de Magallanes nos abre una ventana hacia estas galaxias adolecentes”, celebra Remy Indebetouw, astrónomo del Observatorio Radioastronómico Nacional de Estados Unidos, en Charlottesville (Virginia), y coautor del estudio. “Los estudios sobre formación estelar en la Gran Nube de Magallanes son fundamentales para entender los procesos de formación estelar en el Universo primitivo”.

Los astrónomos centraron su investigación en la incubadora de estrellas N113 situada dentro de la Gran Nube de Magallanes. Esta es una de las zonas más masivas y gaseosas de la galaxia. Las observaciones realizadas anteriormente con el telescopio espacial Spitzer de la NASA y el observatorio espacial Herschel de la ESA habían revelado una sorprendente concentración de objetos estelares jóvenes: protoestrellas que han apenas comenzado a calentar sus incubadoras estelares, dotándolas de un intenso brillo infrarrojo. Al menos una parte de este proceso de formación estelar es causado por un efecto dominó, donde el surgimiento de estrellas masivas desata la formación de otras estrellas en la misma zona.

Gracias a ALMA, los astrónomos descubrieron «huellas» químicas de metanol, éter dimetílico y formiato de metilo en la Gran Nube de Magallanes. El éter dimetílico y el formiato de metilo son las moléculas orgánicas más grandes descubiertas con seguridad fuera de la Vía Láctea. La imagen de la Gran Nube de Magallanes en varios cuadros muestra las zonas protoestelares observadas por ALMA. La galaxia entera a la izquierda es una imagen en infrarrojo lejano obtenida por el observatorio Herschel. La imagen ampliada se generó combinando datos de infrarrojo medio del observatorio Herschel y datos de luz visible (H-alpha) del telescopio de Blanco, un telescopio de 4 metros. Créditos: NASA/GSFC; NRAO/AUI/NSF; ALMA (ESO/NAOJ/NRAO); Herschel/ESA; NOAO

Sewilo y sus colegas usaron ALMA para estudiar varios objetos estelares jóvenes en esta área con el fin de entender mejor su composición química y su comportamiento dinámico. Los sorprendentes datos de ALMA revelaron huellas espectrales de éter dimetílico y formiato de metilo, dos moléculas que nunca se habían detectado antes tan lejos de la Tierra.

Las moléculas orgánicas complejas (las que tienen seis o más átomos, incluido el carbono) son algunos de los componentes básicos de moléculas consideradas esenciales para la existencia de la vida en la Tierra y, posiblemente, en el resto del Universo. Aunque es un compuesto relativamente simple comparado con otras moléculas orgánicas, el metanol es imprescindible en la formación de moléculas orgánicas más complejas, como las que ALMA observó recientemente.

Si estas moléculas pueden formarse fácilmente alrededor de las protoestrellas, es probable que perduren y terminen formando parte de los discos protoplanetarios de los jóvenes sistemas estelares. Se cree que estas moléculas llegaron a la Tierra en cometas y meteoritos y contribuyeron a la aparición de la vida.

Los astrónomos creen que, como las moléculas orgánicas complejas pueden formarse en entornos químicos primitivos como la Gran Nube de Magallanes, es posible que las condiciones químicas necesarias para la vida hayan surgido relativamente temprano en la historia del Universo.

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