La primera semana completa de julio trae una agenda celeste que combina mecánica orbital, conjunciones planetarias y una de las alineaciones más fotogénicas del año. Desde Costa Rica, tanto el cielo vespertino como el matutino ofrecen eventos que merecen la atención de cualquier observador, con o sin telescopio.
La Tierra en el afelio: nuestro punto más lejano del Sol
El domingo 6 de julio, a las 11:30 de la mañana hora de Costa Rica (17:30 UTC), la Tierra alcanza el afelio, el punto de su órbita donde se encuentra a la máxima distancia del Sol durante todo el año. En ese instante, 152 087 775 kilómetros separarán los centros de ambos cuerpos, un 3,4% más lejos que en el perihelio del pasado 3 de enero.
La paradoja resulta irresistible para cualquier charla astronómica: estamos en pleno invierno del hemisferio sur y en la temporada cálida del hemisferio norte precisamente cuando la Tierra se aleja del Sol. Eso confirma, una vez más, que las estaciones no dependen de la distancia orbital sino de la inclinación axial de 23,5 grados de nuestro planeta. El eje terrestre, no la elipse, manda.
Hay un efecto sutil que pocos mencionan. En el afelio la Tierra se mueve más lento a lo largo de su órbita, una consecuencia directa de la segunda ley de Kepler, lo que extiende el verano boreal unos cinco días más que el invierno del mismo hemisferio. Es un dato fino que conecta las leyes del movimiento planetario con el calendario que usamos cada día.
Cuarto menguante y Saturno en el cielo de la madrugada
El martes 7 de julio la Luna alcanza la fase de cuarto menguante a las 1:29 p.m. hora de Costa Rica. Esa misma noche y en la madrugada del día 8, la Luna menguante aparecerá cerca de Saturno en la constelación de Piscis, separados por aproximadamente 7 grados, una distancia demasiado amplia para caber en el campo de un telescopio pero visualmente atractiva a simple vista.
El mejor momento para observar esta conjunción será entre las 12:00 de la medianoche y el amanecer, cuando ambos objetos ganan altura sobre el horizonte sureste. Saturno brilla con magnitud 0,7 y permanece como el objeto más luminoso de esa región del cielo. Quienes cuenten con telescopio pueden aprovechar para examinar los anillos del planeta, que actualmente abarcan unos 40 segundos de arco, y buscar a Titán, la luna mayor de Saturno, resplandeciendo alrededor de magnitud 8,5 muy cerca del disco del planeta.
Neptuno también se encuentra en Piscis, a unos 10 grados al oeste de Saturno, pero con magnitud 7,7 se necesitan al menos binoculares y un cielo razonablemente oscuro para localizarlo.
Venus besa a Régulo: la conjunción del jueves 9
El evento vespertino de la semana llega el miércoles 8 y el jueves 9 de julio, cuando Venus pasa a menos de un grado de Régulo, la estrella principal de Leo, la más cercana a la eclíptica entre todas las estrellas brillantes del cielo.
Una hora después del ocaso, Venus domina el horizonte oeste con una magnitud cercana a -4,2, un resplandor que eclipsa todo excepto a la propia Luna. Régulo, con magnitud 1,4, aparecerá justo al lado, un contraste impresionante que permite identificar la diferencia entre la luz reflejada de un planeta y la luz propia de una estrella de tipo espectral B7V ubicada a 79 años luz de distancia.
El par cabe holgadamente en un campo de binoculares, y durante esas noches la Hoz de Leo, el asterismo en forma de signo de interrogación invertido que corona la constelación, enmarca la escena. Venus continúa su camino hacia el este a lo largo de Leo y alcanzará su máxima elongación oriental el 15 de agosto, cuando se eleve aún más alto sobre el horizonte vespertino.
Luna, Marte, Pléyades y Aldebarán: la alineación del 11 de julio
El evento estelar de la semana ocurre el viernes 11 de julio antes del amanecer. Una delgadísima Luna creciente, con apenas un 12% de iluminación, aparecerá cerca de Marte y las Pléyades en la constelación de Tauro, formando un triángulo celeste que no se repetirá con esta misma configuración hasta el año 2034.
El escenario de la madrugada es rico en objetos. Marte, con magnitud 1,3, navega entre las Pléyades (M45) y la V del Toro formada por Aldebarán y el cúmulo de las Híades. La cercanía de Urano, apenas por encima de Marte, permite intentar localizarlo con binoculares, aunque su magnitud de 5,8 exige cielos oscuros y paciencia.
La Luna iluminada al 12% ofrece además una oportunidad para observar la luz cenicienta, ese resplandor tenue sobre la parte no iluminada del disco lunar causado por la luz solar que la Tierra refleja de vuelta hacia la Luna. Es uno de los espectáculos más elegantes de la astronomía a simple vista, y una media Luna tan fina lo intensifica.
Para quienes fotografíen el cielo, esta madrugada ofrece una composición excepcional. Una lente de distancia focal moderada (50-135 mm) puede capturar la Luna creciente, Marte, las Pléyades y Aldebarán en el mismo encuadre, con los tonos anaranjados del crepúsculo matutino como telón de fondo.
Lluvias de meteoros activas: las Pegásidas de julio
Aunque su radiante es modesto, la lluvia de meteoros de las Pegásidas de julio se encuentra activa entre el 4 y el 17 de julio, con su pico previsto alrededor del 10 de julio. No se trata de una lluvia espectacular en número, pero con la Luna menguante reduciendo su brillo a lo largo de la semana, las condiciones mejoran progresivamente para detectar trazos esporádicos en las horas previas al amanecer.
También comienza la actividad temprana de las Acuáridas Delta del Sur (a partir del 12 de julio) y las Alfa Capricórnidas (activas desde el 3 de julio), aunque ambas lluvias no alcanzarán sus picos hasta finales de mes.
Constelaciones de la semana: Escorpio, Hércules y la Vía Láctea
Julio es uno de los mejores meses para contemplar el centro galáctico desde latitudes tropicales. Desde Costa Rica, la Vía Láctea se extiende a través del cielo en dirección sur, con su región más densa visible en la constelación de Sagitario, acompañada por Escorpio y su estrella principal Antares, un faro rojizo de magnitud 1,0 que marca el corazón del escorpión celeste.
En dirección opuesta, alto en el cielo hacia el norte, Hércules muestra su forma de llave de tuercas con el Gran Cúmulo Globular M13 como joya principal. Con magnitud 5,8, M13 es visible como una mancha difusa a simple vista bajo cielos oscuros, pero se resuelve en miles de estrellas individuales a través de un telescopio de apertura moderada. Contiene aproximadamente 300 000 estrellas concentradas en un volumen de unos 145 años luz de diámetro, orbitando el centro de nuestra galaxia a una distancia de 25 000 años luz.
Cometa 10P/Tempel 2
Durante julio, el cometa periódico 10P/Tempel 2, que completa una órbita alrededor del Sol cada 5,4 años aproximadamente, se desplaza por la constelación de Capricornio. Todavía requiere un telescopio pequeño para ser detectado, pero su brillo se incrementará gradualmente a lo largo del mes. Es un objetivo interesante para observadores con equipo óptico que busquen algo diferente entre las estrellas de verano.
Cielos despejados.
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