Esta madrugada, la Luna recibirá un nuevo golpe de origen humano. La etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX, convertida en chatarra espacial desde hace más de un año, terminará su deriva orbital impactando la superficie lunar a más de ocho mil kilómetros por hora. No es una misión, no es un experimento y no es un acto deliberado: es basura que nadie recogió, cayendo sobre el único mundo, además del nuestro, que la humanidad ha pisado.
Qué es exactamente lo que va a caer
El objeto es la segunda etapa de un Falcon 9 Block 5, el cohete de trabajo de SpaceX. Despegó el 15 de enero de 2025 desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, con una carga doble rumbo a la Luna: el módulo Blue Ghost de la empresa Firefly Aerospace, que alunizó con éxito en marzo de 2025, y el módulo Resilience de la compañía japonesa ispace, que se estrelló en su intento de aterrizaje en junio de ese mismo año.
Una vez que la etapa cumplió su función de empujar a ambos módulos hacia la Luna, se quedó sin combustible suficiente para reingresar y quemarse en la atmósfera terrestre, como normalmente ocurre. Tampoco tenía energía para escapar a una órbita solar segura. Quedó atrapada en una órbita alta e inestable, a una distancia parecida a la de la Luna, y durante meses las campañas de búsqueda de asteroides la detectaron una y otra vez como un punto de luz sospechoso.
El astrónomo Bill Gray, especialista en el seguimiento de objetos cercanos a la Tierra, sabe desde septiembre de 2025 que esta etapa tenía altas probabilidades de golpear la Luna. Lo que la desvía poco a poco no es un motor, sino la presión de la propia luz solar: al girar sobre sí misma, la etapa refleja la radiación de forma despareja y eso la empuja unos milímetros por segundo, lo suficiente para sellar su destino.
Los datos del impacto
El objeto mide unos 12 metros de largo y 4 de ancho, y pesa alrededor de 4.000 kilogramos. Impactará a una velocidad cercana a los 2,43 kilómetros por segundo, es decir, unos 8.700 kilómetros por hora. Como la Luna carece de una atmósfera que lo frene, llegará a la superficie a toda velocidad.
El golpe abrirá un cráter nuevo de entre 20 y 30 metros de diámetro. Será más pequeño que el que dejaría un asteroide del mismo tamaño, porque el cuerpo del cohete es esencialmente hueco. En el momento del impacto se levantará una columna de polvo lunar: según un estudio reciente del equipo de William Jo, de la Universidad de Texas en Austin, el pico central de esa columna de eyecta podría alcanzar entre 75 y 100 kilómetros de altura y dispersarse hasta 183 kilómetros de forma lateral.
La zona de impacto se ubica cerca del cráter Einstein, próximo al limbo occidental de la Luna, muy cerca del borde visible desde la Tierra.
Horarios aproximados por país
El impacto está previsto para aproximadamente las 06:35 UTC del miércoles 5 de agosto de 2026, con una incertidumbre de algunos minutos a medida que se refina la trayectoria. Estos son los horarios locales equivalentes:
| País / Región | Hora local aproximada | Fecha |
|---|---|---|
| Costa Rica | 12:35 a.m. | miércoles 5 |
| Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua | 12:35 a.m. | miércoles 5 |
| México (Ciudad de México y centro) | 12:35 a.m. | miércoles 5 |
| México (Tijuana / noroeste) | 11:35 p.m. | martes 4 |
| Panamá | 1:35 a.m. | miércoles 5 |
| Colombia | 1:35 a.m. | miércoles 5 |
| Ecuador | 1:35 a.m. | miércoles 5 |
| Perú | 1:35 a.m. | miércoles 5 |
| Bolivia, Venezuela | 2:35 a.m. | miércoles 5 |
| Chile continental | 2:35 a.m. | miércoles 5 |
| Argentina, Uruguay | 3:35 a.m. | miércoles 5 |
| Brasil (Brasilia) | 3:35 a.m. | miércoles 5 |
| Estados Unidos (Este / EDT) | 2:35 a.m. | miércoles 5 |
| Estados Unidos (Centro / CDT) | 1:35 a.m. | miércoles 5 |
| Estados Unidos (Montaña / MDT) | 12:35 a.m. | miércoles 5 |
| Estados Unidos (Pacífico / PDT) | 11:35 p.m. | martes 4 |
| España peninsular | 8:35 a.m. | miércoles 5 |
| España (Islas Canarias) | 7:35 a.m. | miércoles 5 |
¿Se podrá observar?
A simple vista, no. El destello del impacto durará probablemente menos de un segundo, y la columna de polvo, aunque brillante durante algunos minutos, exige instrumental especializado para registrarse. Ni siquiera unos binoculares alcanzan: se necesita un telescopio de apertura media a grande, preferiblemente con capacidad de video de alta velocidad. Las observaciones más recientes movieron el punto de impacto un poco más hacia el noroeste, hacia el borde no visible, lo que lo vuelve todavía más difícil de captar desde la Tierra.
La geometría, sin embargo, ayuda: la Luna estará cerca de la fase de cuarto menguante y el punto de impacto queda próximo al terminador, la línea que separa el día y la noche lunar. Esa iluminación rasante podría hacer que la columna de polvo se recorte mejor contra el cielo oscuro. La ventana favorece a los observadores de la mitad este de Norteamérica y a buena parte de Sudamérica. El Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA intentará fotografiar el cráter resultante, como ya lo hizo tras un impacto similar en 2022.
El verdadero problema: una Luna sin dueño y sin defensa
Este impacto no es una catástrofe ni un peligro para nadie. Pero es un síntoma. Desde 1959, cuando la sonda soviética Luna 2 se estrelló deliberadamente contra la superficie, casi setenta naves y etapas de cohete han caído sobre la Luna. La diferencia es que hoy el ritmo de la actividad espacial privada crece de manera acelerada, y con él la cantidad de hardware abandonado en órbitas que, tarde o temprano, encuentran un cuerpo celeste donde terminar.
Y aquí está el vacío que casi nadie discute: la Luna no tiene protección ambiental de ningún tipo. No existe una figura equivalente a un patrimonio de la humanidad que la resguarde. El único marco vigente es el Tratado del Espacio Exterior de 1967, firmado por 138 Estados, que prohíbe que cualquier país reclame soberanía sobre la superficie lunar, pero que no dice prácticamente nada sobre gestión ambiental ni sobre quién responde cuando una empresa deja caer sus restos allá arriba. Cada país es responsable de supervisar a sus propias compañías espaciales, de modo que, en teoría, el gobierno estadounidense responde por lo que hace SpaceX. En la práctica, nadie pidió permiso, nadie autorizó nada y nadie rendirá cuentas.
SpaceX sostiene que siguió las reglas y regulaciones apropiadas para desechar la etapa, y probablemente sea cierto. Ese es justamente el punto incómodo: el problema no es que se hayan roto las reglas, sino que las reglas permiten que esto ocurra sin control. Mientras la exploración lunar se convierte en un negocio, seguimos sin acordar cómo cuidar el único satélite que tenemos. La chatarra que caerá esta madrugada no le hará daño a la Luna. La pregunta es qué estaremos dispuestos a tolerar cuando el tráfico se multiplique y el próximo pedazo de metal no caiga cerca de un cráter vacío, sino sobre un sitio de valor científico o histórico irremplazable.
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