Dos estrellas muertas girando una alrededor de la otra una vez cada seis minutos suena a ciencia ficción, pero existe. El sistema, llamado eRASSU J0608 y situado en dirección a la Gran Nube de Magallanes, es una pareja de enanas blancas tan apretada que completa una vuelta en apenas 374 segundos. Su órbita se está cerrando a gran velocidad, a un ritmo que coincide con la energía que perdería en forma de ondas gravitacionales. Hoy ningún detector puede captarlas, pero el sistema apunta a ser un blanco ideal para los observatorios del futuro. El trabajo, de Rahul Sharma y colaboradores, se publicó en The Astrophysical Journal Letters.
Un pulso cada 374 segundos
eRASSU J0608, cuyo nombre completo es eRASSU J060839.5−704014, fue detectado por el telescopio de rayos X eROSITA como una fuente supersuave en dirección a la Gran Nube de Magallanes. Emite un destello en rayos X cada 374 segundos, poco más de seis minutos. Cuando una fuente pulsa con tanta regularidad, algo se mueve de forma periódica: en los púlsares es una estrella de neutrones que gira; aquí, combinando datos de NICER, de la misión Einstein Probe y del archivo de XMM-Newton, el equipo demostró que se trata del movimiento orbital de dos enanas blancas, los restos del tamaño de la Tierra que dejan las estrellas parecidas al Sol, capaces de concentrar la masa de un astro en el volumen de un planeta.
Un abrazo que se cierra
Siguiendo esos pulsos durante más de tres años, los astrónomos midieron que la órbita se está contrayendo con rapidez: el periodo se acorta, lo que significa que las dos estrellas caen en espiral una hacia la otra. El ritmo de esa contracción es uno de los más veloces que se conocen, superior al de los sistemas de referencia HM Cnc y V407 Vul. Y ese ritmo coincide con lo que cabría esperar si el sistema pierde energía y momento angular en forma de ondas gravitacionales, tal como predice la relatividad general para dos masas en una danza tan cerrada. Suponiendo que ese sea el mecanismo dominante, la «masa de chirrido», una combinación de las dos masas que fija la señal gravitacional, ronda las 0,43 masas solares, de las más altas de su clase.
Impacto directo
Es, además, una rara binaria de «impacto directo». En la mayoría de los sistemas donde una estrella devora a otra, el gas describe primero un disco antes de posarse sobre la acretora. Aquí las estrellas están tan juntas que el chorro de material golpea casi de frente la superficie de la enana blanca acretora y crea un punto caliente que vemos destellar una vez por órbita. Ese impacto directo es lo que produce el pulso de rayos X, preciso como un reloj.
Un faro para el futuro
Conviene separar el dato de la expectativa. Los observatorios de ondas gravitacionales actuales, como LIGO, están afinados para los chirridos violentos y de alta frecuencia de agujeros negros y estrellas de neutrones al fusionarse; no pueden oír el zumbido lento y de baja frecuencia de una binaria de enanas blancas. Ahí es donde entra un futuro observatorio espacial: LISA, diseñado para detectar ondas gravitacionales en el rango de los milihercios, debería poder captar sistemas justamente como este, hasta el punto de que sirven como «fuentes de verificación», blancos conocidos que permiten confirmar que el instrumento funciona. Hay un pero: los datos de rayos X no revelan a qué distancia está eRASSU J0608, y la distancia diluye la señal. El equipo espera encontrar una tercera estrella en el sistema para fijar esa distancia. Si resulta estar lo bastante cerca, este vals de seis minutos podría convertirse en una de las primeras binarias estelares jamás «escuchadas» a través del tejido del espacio-tiempo.
© 2026 Homer Dávila Gutiérrez, FRAS — SKYCR.ORG. Todos los derechos reservados. Publicación: Rahul Sharma et al., Rapid Orbital Decay in the Ultracompact Double-degenerate Binary eRASSU J060839.5−704014, The Astrophysical Journal Letters (2026). DOI: 10.3847/2041-8213/ae8cf7
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