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Los planetas más comunes de la galaxia no orbitan a las estrellas más comunes: TESS rompe un dogma de la formación planetaria

🪐✨ Los planetas más comunes de la galaxia no aparecen alrededor de las estrellas más comunes. 🌌 Esa es la conclusión, contraintuitiva y demoledora, de un nuevo trabajo de la Universidad McMaster (Canadá) publicado en The Astronomical Journal. 🔭 Usando los datos del satélite TESS de la NASA, el equipo de Erik Gillis y Ryan Cloutier descubrió que los sub-Neptunos, esos mundos algo más pequeños que Neptuno y enormemente abundantes alrededor de estrellas como el Sol, prácticamente desaparecen alrededor de las enanas M medias y tardías, que son el 75% de la población estelar de la Vía Láctea. 💧 En su lugar, dominan las super-Tierras, posiblemente mundos ricos en agua. La fotoevaporación clásica no alcanza a explicar lo que vemos: necesitamos una nueva teoría de formación planetaria para las estrellas más numerosas del universo. 👇 Léelo completo en SKYCR.

Una de las certezas tácitas de la astrofísica planetaria acaba de tambalearse. Un equipo de la Universidad McMaster (Canadá) ha demostrado, con datos del satélite TESS de la NASA, que los planetas más abundantes de la galaxia no se forman alrededor de las estrellas más numerosas del universo. El hallazgo, publicado en The Astronomical Journal, obliga a reescribir el guion de cómo nacen los mundos en torno al tipo de estrella dominante en la Vía Láctea: las enanas rojas.

La estadística que rompe el patrón

Los astrónomos estiman hoy que existe al menos un planeta por cada estrella de nuestra galaxia. Estos mundos, llamados exoplanetas, orbitan estrellas distintas al Sol y constituyen el catálogo más rico de objetos planetarios conocidos. Alrededor de estrellas similares al Sol, los planetas más comunes son los sub-Neptunos, mundos que recuerdan a Neptuno pero algo más pequeños, y las super-Tierras, planetas rocosos hasta diez veces más masivos que la Tierra. Esta dualidad ha dominado las estadísticas exoplanetarias durante casi una década.

El problema es que las estrellas similares al Sol son una minoría en la Vía Láctea. La gran mayoría son enanas M, estrellas frías, pequeñas y longevas que representan aproximadamente tres de cada cuatro estrellas del catálogo galáctico. Si se quería entender de verdad cómo se forman los planetas en el universo, había que mirar hacia ellas.

TESS abre la puerta a las enanas rojas

Para llenar ese vacío, los investigadores de McMaster examinaron los planetas que orbitan enanas M medias y tardías, estrellas con tamaños que van desde el 8% hasta el 40% del radio solar. Por su debilidad intrínseca, estas estrellas habían sido históricamente difíciles de estudiar con la profundidad necesaria. La situación cambió con el Transiting Exoplanet Survey Satellite (TESS) de la NASA: el satélite barre una nueva región del cielo cada 28 días y completa el mapeo de la esfera celeste cada 26 meses, una cadencia que ha permitido construir muestras estadísticamente robustas alrededor de estos objetos antes esquivos.

Con esa base de datos en la mano, el equipo del estudiante de doctorado Erik Gillis, bajo la dirección de Ryan Cloutier, profesor asistente y Canada Research Chair en Astronomía Exoplanetaria, calculó las tasas de ocurrencia de planetas alrededor de enanas M medias y tardías y comparó esas distribuciones con las ya conocidas para estrellas tipo Sol.

El sub-Neptuno desaparece

El resultado central del trabajo es contundente: alrededor de las enanas M medias y tardías, los sub-Neptunos prácticamente desaparecen. Estas estrellas albergan numerosas super-Tierras, pero los gigantes gaseosos en miniatura tipo Neptuno son virtualmente inexistentes. La diferencia respecto a las estrellas tipo Sol es tan marcada que desafía abiertamente las teorías vigentes de formación planetaria.

En palabras del propio Gillis recogidas en el comunicado de McMaster, no se trata de refinar la imagen previa, sino de cambiarla por completo. Los mecanismos que dan forma a los planetas alrededor de estas estrellas pequeñas y frías son distintos de los que operan en torno al Sol y sus análogos. Donde se esperaba un patrón continuo, aparece una ruptura.

Por qué la fotoevaporación no basta

Durante años, la diferencia entre super-Tierras y sub-Neptunos se atribuyó al fenómeno de fotoevaporación: la radiación intensa de la estrella anfitriona arranca progresivamente la atmósfera de gas envolvente del planeta, dejando atrás un núcleo rocoso desnudo. Esta hipótesis explicaba razonablemente el llamado valle de radio, una escasez observada de planetas con radios intermedios entre las super-Tierras y los sub-Neptunos en torno a estrellas tipo Sol.

Las enanas M medias y tardías son, paradójicamente, mucho más activas que el Sol en términos de fulguraciones y emisión ultravioleta extrema durante sus primeras decenas de millones de años. En teoría, deberían ser capaces de evaporar atmósferas planetarias con extrema eficiencia. El problema es que la magnitud de la desaparición de sub-Neptunos observada por el equipo de McMaster excede lo que la fotoevaporación clásica puede explicar. Algo más está ocurriendo.

Mundos ricos en agua como alternativa

La hipótesis que toma fuerza a partir de estos datos es que la formación planetaria alrededor de enanas M tardías favorece la producción de mundos ricos en agua antes que sub-Neptunos envueltos en gas. Es decir, en lugar de retener una atmósfera primordial de hidrógeno y helio que después debe ser arrancada, estos planetas nacerían directamente con composiciones dominadas por hielos y agua, con envolturas atmosféricas de naturaleza muy distinta.

Esa diferencia tiene consecuencias profundas. Implica que la frontera del hielo, la región del disco protoplanetario donde el agua condensa en forma sólida, podría situarse en posiciones radicalmente diferentes alrededor de estrellas frías, modificando los inventarios de material disponible para construir planetas. También implica que la química y la habitabilidad potencial de los mundos en torno a las estrellas más comunes del universo podrían diferir significativamente de las recetas establecidas para sistemas tipo Sol.

Implicaciones para el origen de los planetas y de la vida

Si entender el origen de los planetas y, en última instancia, el origen de la vida exige conocer cómo se ensamblan estos mundos y de qué están hechos, este trabajo aporta una pieza crítica del rompecabezas. La gran mayoría de las super-Tierras y sub-Neptunos del catálogo exoplanetario no se parecen a nada que tengamos en nuestro Sistema Solar. Y ahora se demuestra que ni siquiera dentro de esa familia ajena hay un patrón uniforme: el tipo de estrella anfitriona condiciona profundamente qué clase de planetas surgen.

El propio Cloutier subraya la dimensión histórica del momento. La ciencia exoplanetaria tiene apenas tres décadas de vida, una niñez en términos astronómicos. Durante mucho tiempo, el Sistema Solar fue el único caso de estudio disponible y se asumió que los procesos físicos de formación planetaria producirían patrones similares en todas partes. Misiones como TESS están permitiendo comparar miles de sistemas y descubrir que los patrones, lejos de ser universales, dependen finamente del tipo de estrella, de la metalicidad del entorno y de la historia magnética y radiativa del joven sol que ilumina cada disco protoplanetario.

Datos del estudio

El artículo, titulado «TESS Planet Occurrence Rates Reveal the Disappearance of the Radius Valley Around Mid-to-late M Dwarfs», firmado por Erik Gillis, Ryan Cloutier y colaboradores de la Universidad McMaster, fue publicado en The Astronomical Journal en 2026 con DOI 10.3847/1538-3881/ae5810. The Astronomical Journal es una de las revistas de referencia en astronomía observacional y planetaria, editada por la American Astronomical Society.

Para los lectores latinoamericanos e iberoamericanos, este trabajo refuerza una idea fundamental: la mayor parte de los mundos del universo orbita estrellas que apenas estamos empezando a entender. La búsqueda de planetas habitables, los modelos de formación de sistemas y la propia pregunta sobre la singularidad de la Tierra dependen de afinar nuestro conocimiento sobre estas enanas rojas tan ubicuas como esquivas.

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© 2026 SKYCR.ORG | Homer Dávila Gutiérrez, FRAS. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa. Fuente: The Astrophysical Journal DOI: 10.3847/1538-3881/ae5810


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